Un año (no) bisiesto y con Semana Santa adelantada. Y Artemisa.
Supongo que se habrán fijado. Una enorme luna llena el día 2 de abril, jueves santo. Y, oh casualidad, allá que enviamos -al fin- un cohete resplandeciente, el Artemis-2, con cuatro congéneres a bordo. Hay quien dice, en estas malvadas redes, que ha sido aprovechando que la luna está llena, para apuntar mejor. En cualquier caso, aprovecho para echar la vista atrás y reproducir aquí y ahora una colaboración que escribí para El País, donde explicaba el porqué de esta casualidad. Y como tenemos cohete nuevo en la oficina, pues tanto mejor para resolver dudas. Ahí vamos, diez años después de su publicación.
La fijación astronómica de la fecha pascual dio lugar a la reforma actual del calendario
Este
artículo fue publicado en la versión digital del periódico El
País/Materia/"Crónicas de AstroManía" con fecha 27 de enero de 2016 /21 de marzo de 2016
«Según la tradición hebrea, la noche en que tuvo lugar la huida de
Egipto había luna llena, por lo que los judíos pudieron apagar sus
lámparas para no ser descubiertos por los soldados del faraón». Este
suceso tan lejano, aunque cercano en lo astronómico, condiciona todavía
hoy nuestra agenda. Si nos parece que la Semana Santa cae demasiado
pronto este año bisiesto de 2016, es necesario hacer un poco de historia
para saber la razón.
El acontecimiento citado es celebrado en la llamada pascua judía que,
por tanto, cada año ha de coincidir con una noche de luna llena.
Jesucristo, judío, celebró dicha pascua durante la hoy denominada
‘última cena’, así que nuestra propia tradición cristiana adoptó este
hecho casi como suyo. En concreto, y evitando confundir ambas
tradiciones, ya desde el año 525 de nuestra Era se decidió en la Iglesia
Católica que la pascua de Resurrección -unos días posterior a la judía-
se celebrara el primer domingo siguiente a la primera luna llena
después del comienzo de la primavera (20 o 21 de marzo). Si miramos el
calendario de 2016, observaremos que el equinoccio de primavera es el
día 20 de marzo, y la primera luna llena sólo tres días más tarde, por
lo que el domingo de Pascua será el día 27 de marzo. Por eso siempre
veremos una luna llena durante la Semana Santa.
(Inciso a fecha de 2026: en este año hemos tenido que esperar un poco más, al antedicho 2 de abril)
Pero no todo es tan sencillo. O, al menos, no lo fue en su momento. Para que las cosas funcionen bien tenemos que encajar el calendario
astronómico -el que marca la posición del equinoccio de referencia- con
el calendario civil y religioso, basado en días completos. Y es que el
tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol -un año-
no es un múltiplo exacto de rotaciones sobre sí misma -un día-. En
concreto, un año astronómico (año ‘trópico’) dura 365 días, 5 horas y
casi 49 minutos. El problema de relacionar años con días completos fue
bastante bien resuelto por el romano Julio César y sus sabios egipcios
allá por el año 50 antes del propio Cristo. Como en números redondos un
año son 365 días y un cuarto, cada cuatro años de 365 días habría de
añadirse un día adicional (el famoso bisiesto,
como es este de 2016). Y así hemos funcionado bastante bien durante
muchos siglos, con el propiamente llamado calendario ‘juliano’, hasta
que los hechos toparon con la realidad. Es decir, con la Iglesia
haciéndonos la Pascua.
El cambio de fechas por mor de la precisión astronómica tuvo un curioso impacto según fuera el lugar del mundo y su fecha de aplicación. Así es bien conocida la anécdota del tránsito de santa Teresa, ocurrido justo en la noche referida del 4 de octubre de 1582, por lo que suele decirse que fue enterrada muchos días después de su muerte, aunque su inhumación fuera inmediata. Otro tanto ocurre con los óbitos de Miguel de Cervantes y William Shakespeare que, aunque datados ambos el 23 de abril de 1616, sucedieron con diez días de diferencia, puesto que los ingleses tardaron en aceptar el cambio de calendario de bastante mala gana casi dos siglos. En cualquier caso, y después de la adopción generalizada en todo el mundo del calendario gregoriano, los años astronómico y civil son en la práctica coincidentes, y las peculiaridades de la fijación de la fecha pascual por parte de la Iglesia no presentan mayores problemas.
Por tanto, si queremos saber con antelación cuándo podremos disfrutar de unos pocos días de asueto o de penitencia, según sea el gusto, caso o pecados de cada cual, no tenemos más que mirar al Cielo y hacer unas sencillas cuentas. Y ya puestos, observar una estupenda luna llena.
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