En un segundo lugar del Universo (relato corto)
Colaboración con "Ciencia y Literatura", IAC - marzo 2017. Revisado y formateado
I
–¿Estás segura?
–Completamente. Lo he revisado tres veces. La variación de brillo en los breves tránsitos no deja lugar a dudas. Hay entre seis y ocho planetas. Y un par de ellos son enormes.
El viejo profesor sonríe. Tras años de trabajo de su incansable alumna, los ajustes de las gráficas son perfectos. La periodicidad, exacta. Y además tienen órbitas coplanares. Posiblemente, Luna es la mejor estudiante que nunca haya tenido. La más inteligente y tenaz. Y qué curioso ese nombre. Y qué bien le queda ese vestido azul, a juego con el profundo azul de sus ojos…
–¿Profesor? ¿Se encuentra bien?
–Claro, por supuesto –carraspea avergonzado de sus pensamientos el profesor Moon–. Estoy impresionado con tus resultados, eso es todo. Supongo que ahora –continúa–, querrás publicarlos de inmediato. Y no en cualquier revista, claro.
–Tal vez sea recomendable repetir algunas medidas –responde de forma prudente Luna–. O, al menos, añadir datos tomados con un espectrógrafo de alta resolución. Podemos pedir tiempo de observación en unas semanas y centrar nuestros esfuerzos en un par de ellos. Usted puede…
–¿No estabas tan segura? –la interrumpe sorprendido su tutor–. Tus resultados son inequívocos. Para la detección de exoplanetas basta con la fotometría. Nosotros no tenemos un espectrógrafo tan preciso como para discriminar componentes químicos en las atmósferas, si es que las tienen. Si quieres lanzarte a la piscina –continúa–, ya tienes suficiente agua.
–Pero usted puede pedir unas noches en el Telescopio Gigante… –replica Luna–. Tiene colegas importantes. No podrán negarse si les insinuamos que puede haber algo muy gordo allí escondido, a sólo cuarenta años luz…
–¿Y tener que pasar todos estos controles como si fuéramos idiotas? Ya estoy muy mayor para humillaciones. Y también para respirar el escaso aire helado a esa altitud.
–No tenemos que ir hasta la isla si pedimos una simple observación remota. El Telescopio Gigante es completamente robótico –insiste Luna–. Y usted tiene los contactos necesarios. Un par de correos electrónicos sería suficiente.
–No es no, Luna. Además, en cuanto les pasáramos las coordenadas de la estrella se lanzarían sobre ella. Si no hay nada se reirían de nosotros. Y si hallan algo se quedarían con la gloria. Entonces, ¿qué les dirías tú? ¿que nosotros hemos sido los primeros en hallar vida fuera de nuestro planeta?
–Tal vez lo hayamos hecho, profesor.
–Sabes que no, Luna. Lo que tenemos podría ser importante. Pero no sabemos si es trascendente. Y tenemos una reputación, aunque sea pequeña. Y hemos de mantenerla.
–Pero sí que es un hallazgo trascendente –protesta nuevamente Luna.
–No, no lo es. Al menos, no todavía. Puedo estar de acuerdo contigo en que quizá hayamos encontrado una estrella cercana con un sistema planetario muy parecido al nuestro. Con seis, siete, o tal vez más planetas girando en torno al astro central, en el mismo plano. Y la mayoría de ellos parecen ser rocosos. Pero no sabemos si tienen agua líquida, si tienen atmósfera, si tienen oxígeno y nitrógeno. O si alguno de ellos reúne condiciones para la vida más simple basada en el carbono.
–La posibilidad existe, y es nuestra obligación cerciorarnos de ello. No podemos ignorarlo. Los resultados están aquí –señala su pantalla una cada vez más desconsolada Luna.
–Y tampoco podemos arriesgarnos a crear falsas expectativas. Sabemos que nuestro planeta se muere, que hemos destrozado de forma irreversible su clima y las condiciones de vida. Pero de ahí a salir al espacio y viajar hacia un nuevo hogar, hay un trecho muy grande. Todavía falta mucho para eso, querida. Faltan siglos para tener una tecnología capaz de ello, si es que existe.
Luna se queda en silencio, pensativa, buscando nuevos argumentos con los que convencer a su tutor de que el esfuerzo no es inútil. El profesor Moon la sorprende con una pregunta.
–Luna, ¿tú eres creyente?
–Un poco… como todos, supongo. Creo que tiene que haber algo o alguien que haya creado todo este enorme universo con algún fin. Y no hay ninguna razón para pensar que somos los únicos habitantes. Demasiadas estrellas y demasiados planetas para una sola forma de vida tan limitada.
–Yo no lo soy. Nunca lo he sido. Ni creo que sea necesario.
–Entonces, ¿por qué me hace esa pregunta?
–Quería averiguar si había en ti alguna motivación especial para justificar esa insistencia.
–No tiene nada que ver –replica Luna casi enfadada–. Hacemos Ciencia. Con mayúscula. Da igual si hay un dios que pudo haber originado el universo hace millones de años. Los hechos demuestran que su creación animal más inteligente, nosotros, es capaz de destruir un planeta en apenas unos milenios.
–Está bien –concede Moon–. Haré unas llamadas. Pero irás tú sola. Yo sólo sería un estorbo.
–Gracias profesor. No se arrepentirá.
Luna se abraza emocionada a su maestro. El profesor Moon nota cómo algunas lágrimas ruedan por sus mejillas. Por las de ambos. Después Luna recoge apresuradamente sus cosas y sale de su despacho. El viejo se sienta delante de la pantalla y busca unos contactos. Antiguos y buenos amigos, muchas horas de discusión en docenas de conferencias por todo el mundo. No le fallarán. Luna tendrá sus observaciones. Es la mejor estudiante que nunca haya tenido. Vuelve a pensar esto mientras contempla el atardecer a través del sucio cristal. El pequeño sol rojo se esconde tras el horizonte. Se abriga antes de salir hacia su casa. Hace mucho frío por las noches. Cada vez más.
II
>> El Telescopio Gigante descubre un Sistema Solar semejante al nuestro con, al menos, siete planetas. (Nota de Prensa). Científicos adscritos al equipo técnico del recién estrenado Telescopio Gigante, situado en las cumbres de la isla Libertad, han encontrado que una estrella amarilla situada a 40 años luz de nuestro sol parece cobijar un sistema planetario que podría albergar vida. Este sistema estaría compuesto por siete u ocho planetas. Todos ellos, a excepción de dos gigantes gaseosos de un tamaño similar a nuestra estrella, serían rocosos. Los ya denominados P2, P3 y P4 se encontrarían en la llamada ‘zona de habitabilidad’, y podrían contener grandes superficies de océanos de agua líquida. El llamado planeta P3 parece, incluso, que podría tener una atmósfera rica en oxígeno y nitrógeno similar a la nuestra, tras estudiarse cuidadosamente los resultados obtenidos con los espectrógrafos de alta resolución que operan en el Telescopio Gigante. Los planetas gaseosos, P5 y P6, no dan opciones a la vida, así como tampoco P7, cuyo principal componente es metano helado. El esperanzador planeta P3 tarda en completar una órbita alrededor de la estrella central unas trescientas sesenta rotaciones propias (…) El descubrimiento ha sido posible gracias a los trabajos preliminares realizados durante años en un pequeño observatorio situado en las afueras de la metrópoli por un reducido grupo de físicos de los que, por el momento, no ha trascendido su identidad. El Consejo Planetario planea formalizar una petición de fondos extraordinaria para la extensión de las investigaciones tras este hallazgo, que podría constituir un hito trascendental en la supervivencia futura de nuestra especie… <<

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