La literatura de divulgación científica española...¿en crisis?

Hace justo tres años que publiqué —o publicamos, porque tenía una editorial detrás— un ensayo generalista sobre astronomía al que titulé: Estrellas por un tubo. Una historia diferente de la Astronomía. Pues bien, desde el año 2023 hasta hoy asistimos —o esa es mi percepción— a un declive de lectores del género. Esta percepción tiene sus matices, claro está. Y es lo que quiero contar hoy.

En primer lugar, es notorio que el panorama de publicaciones literarias es objetivamente bueno. Las razones son difíciles de averiguar (¿estamos en una burbuja, como yo mismo he manifestado en este blog?) pero la realidad es que el mercado del libro en España sigue creciendo con fuerza y, en principio, la divulgación científica se estaría consolidando, apoyada en una renovación temática. Esta renovación incluye materias antes poco conocidas, como es el caso obvio de la Inteligencia Artificial, o como la neurociencia, el cambio climático, la evolución humana y la longevidad, por citar algunos ejemplos. Otras disciplinas, como la mía propia, parecen haberse estancado, tal vez por falta de resultados científicos notables o por mera saturación del género.

Los datos mandan. Y en los últimos diez años el crecimiento de la facturación editorial es continuado, del orden de un 20% acumulado desde 2021. Pero este incremento es principalmente sostenido por la literatura de ficción, donde mandan, estableciendo un orden tentativo, la novela comercial —especialmente en el público juvenil deseoso de romances y vampiros picantes—, el thriller, el cómic y la novela gráfica, la literatura fantástica y el cuestionable género del libro de auto ayuda. Ya saben: psicología, bienestar, economía personal —hágase rico en dos meses escribiendo un libro en dos semanas— y cosas así. Posiblemente este último género comience su declive en breve, dado que está siendo sustituido rápidamente por cualquiera de las IAs, especialmente si son de pago y te cuentan lo que quieres oír —aunque tú todavía no lo sepas pero ansíes un diagnóstico rápido y sin compromiso—. Ya se cuentan por miles aquellos que usan la IA como su psicólogo de cabecera. Pues bueno está si está bien.

Volvamos al género de la divulgación, que es lo que importa hoy aquí. ¿Dónde están los autores españoles que hicieron del periodismo científico su sustento y virtud? Quedan pocos, a juzgar por su presencia en las mesas de novedades de las librerías. Intuyo dos razones principales para ello: la saturación antes mencionada en muchos de los temas que eran de interés y, en segundo lugar, la falta de profundidad en las nuevas y complejas temáticas. No es fácil escribir sobre la inteligencia artificial o el cambio climático con criterio y credibilidad si no se tiene un nivel contrastado sobre la materia y una experiencia que, normalmente, solo se obtiene del trabajo y la investigación desde dentro. Es decir, si antes valía con escribir un compendio más o menos razonable sobre una cuestión científica —pongamos la mía, para no ir muy lejos, la astronómica— empapándose de otros autores, Google y Wikipedia, ahora la cosa es más complicada. Porque para hablar de la IA nos basta con preguntar a la IA y nos ahorramos 20 euros. Otra cosa es comprender cómo funciona, cómo aprende y cómo puede evolucionar en un futuro cada vez más cercano.

¿Y qué se vende ahora en las tiendas en materia de divulgación científica? Pues, principalmente y por desgracia en todos sus campos, divulgación extranjera. Con casi una sola y rara excepción, para mí incomprensible: la evolución humana. En este campo —doy fe, porque el otro día me quedé atónito en mi librería de referencia— aparecen títulos de Juan Luis Arsuaga hasta debajo de las piedras. Me parece incomprensible porque, aunque no dudo lo más mínimo de la excelencia investigadora de uno de los padres de Atapuerca, su capacidad comunicativa —al menos para mí, insisto— no es la más brillante, y buena parte de su éxito lo debe a su tándem con Juan José Millás, un narrador enorme. Pero ya ha quedado dicho en otras entradas anteriores que las editoriales ya solo buscan caras y nombres conocidos —al menos, para consumo doméstico— y, en ese ámbito, Arsuaga se lleva la palma.


 Pero vayamos a las listas:

Por descontado, encabeza el apartado de divulgación la temática de la IA. Hay que leer a Suleyman, o a Kate Crawford. También quizá a Chris Miller. En el pujante campo de la neurociencia tenemos una excepción maravillosa: la madrileña Nazareth Castellanos. Pero si nos vamos al clima y la energía, la biodiversidad y la contaminación, las referencias vuelven a ser foráneas: Vaclav Smil o Hannah Ritchie. En medicina y genética, Siddhartha Mukherjee. Y terminando con la astrofísica y cosmología, mis temas de referencia favoritos, ahora solo despunta Carlo Rovelli y poco más. Seguimos anclados en Sagan, Asimov, Michio Kaku o Brian Green. Y el desnortado de Avi Loeb, del que algún día habrá que hablar largo y tendido en un ensayo titulado algo así: Cómo ser un reputado y mundialmente conocido astrofísico para convertirme en un friqui.

¿Qué está pasando? En mi humilde opinión —IMHO, que queda moderno ponerlo así—, gran parte de la culpa cae del lado editorial: mínimo riesgo y ediciones amortizadas. A sabiendas de que un divulgador extranjero está avalado por un relativo éxito internacional, mejor gastar el dinero allí que arriesgar aquí. Al fin y al cabo, ¿quién ha sobrevivido a la saturación en la divulgación científica? Primero han caído los periodistas, muchos de ellos por su propio peso. Luego los propios científicos, ahogados en sus quehaceres diarios, cada vez más improductivos y asfixiantes, donde la divulgación apenas sirve... para nada. Y sí, hay honrosas excepciones —la mencionada Nazareth Castellanos, o la matemática Clara Grima—, pero no llenan el vacío creado.

Pero como no todo va a ser malo, dejaré para la próxima entrada una novedad editorial —estoy terminando de leerla— que me ha sorprendido muchísimo. Por razones que ya explicaré cuando llegue el momento.

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Manuscrito Voynich descifrado... otra vez, pero ahora en Cuenca.

Horizontes de la Civilización (ensayo - reseña)

Introducción: vida y milagros